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Promueven campaña para recuperar objetos robados del vuelo de Chapecoense

Julián López, guarda en su casa algunos elementos que viajaban en el vuelo de LaMia estrellado el pasado 28 de noviembre. Espera entregarlos a familiares de víctimas.

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Dormir y a su lado la camiseta de Alan Rushel. En su casa, un segundo piso con baldosa colorida y un balcón prominente de baranda en madera, Julián López también guarda la camiseta de Kleber, y más de 150 objetos que hacían parte del equipaje del Chapecoense.

Una sonrisa a medio dar. El sonido del cantar de los pájaros y en una tarde soleada de febrero, con el viento frío habitual de La Unión, el joven, de unos 25 años, exhibe en la sala de su casona, moderna y que desentona con las de arquitectura tradicional del pueblo, cada uno de los elementos que junto a 10 muchachos más, ha logrado recuperar.

La muerte de las 71 personas que viajaban a Medellín desde la municipalidad del chapecó, en Brasil para un partido de fútbol por la final de la copa Sudamericana contra Atlético Nacional, lo marcó como a millones de personas en el mundo.

Para Julián y 21.000 habitantes de La Unión, la tragedia les fue más cercana. Unos 30 kilómetros, quizá, separan el casco urbano del pueblo del Cerro Gordo, la montaña contra la que estrelló el avión de la empresa boliviana LaMia, a las 10 de la noche, el pasado 28 de noviembre.

Tocar corazones, el reto

Muchas vueltas da la vida. A Julián le dio una grande y rápida, cargada de esperanza, de ilusión. Hace poco más de un año se desplomó con el techo de una vivienda en la que instalaba una antena de televisión por cable. Era su trabajo y lo hizo, sin contratiempos, durante un lustro, pero ese día cayó de un tercer piso y se rompió cuatro vértebras de la columna.

El pronóstico médico fue que no volvería a caminar. Hoy, apoyado en un par de muletas, conserva algunas prendas de los futbolistas y del resto de las víctimas que se dio a la tarea de buscar, hace un mes y medio, en la zona del siniestro y por toda la región, casa por casa.

“La mayoría tomó objetos por curiosidad, pero otros lo hicieron por negocio. Personas que saquearon maletas y vendieron las camisetas del equipo, de los jugadores, en Medellín, por ejemplo”, dice Julián, apasionado por el fútbol, hincha de Nacional y ahora promotor de la idea de tocar los corazones de quienes escarbaron entre las latas del avión para llevarse prendas y elementos de las víctimas.

Conmovidos por la tragedia e indignados por el saqueo que algunos hicieron, Julián y otros 84 amigos, habitantes de La Unión, crearon la Corporación Binacional de Hermandad La Unión Chapecó.

Quieren oficializar el propósito de recuperar los elementos. Darles, en medio del dolor, una alegría a las madres, hijos, esposas que perdieron a sus seres queridos.

Juan Carlos Vallejo, casi dobla en edad a Julián, pero coinciden en el mismo anhelo de solidaridad. Es docente universitario de la Universidad Minuto de Dios y asumió la coordinación de la Corporación, constituida legalmente el 22 de diciembre pasado.

“Vinimos a una inspección del terreno con los propietarios el 24 de diciembre. Nos dejaron entrar al sitio y vimos que en el piso había una cantidad de objetos con un valor afectivo grande: pantalones, maletas, calzoncillos, medias. Al día siguiente volvimos a recoger esos objetos. Los lavamos y nos propusimos buscar más en todos lados”, comenta Vallejo.

El entusiasmo y la fe de recuperar los objetos los une. Los resultados han sido sorprendentes. En redes sociales envían mensajes. También el párroco del pueblo, Sergio Botero, durante las eucaristías, invita a las personas a devolver los elementos que hayan encontrado en la zona del siniestro.

“Es una campaña de sensibilización para que todos esos objetos que la gente tomó, quizá por curiosidad, sean devueltos. Y lo han hecho, muchos campesinos se han arrimado a nosotros, a la parroquia, al Concejo y los han entregado”, agrega Vallejo.

No es cuestión de señalar

El miedo a ser acusados es uno de los obstáculos que los promotores de la campaña para devolver los objetos del Chapecoense han tenido.

En el vuelo de LaMia había dinero y joyas, además de las prendas y otros elementos deportivos y médicos.

“La gente las tomaba y se las llevaba. Hay mucho disperso porque cada deportista traía una maleta con objetos personales. Mucho lo hemos recuperado”, relata Julián.

Cerca al lugar del accidente, uno de los campesinos de la zona, mientras mira el cerro contra el que chocó el avión, recuerda que durante una semana después de la tragedia se veían pasar campesinos de La Unión y La Ceja, un municipio vecino, con maletas a cuestas corriendo, entre árboles y enfrentando lodazales, incluso la oscuridad.

“Eran cientos de personas. Pasaban encima de cultivos de papa y fríjol. Dañaron todo a su paso. Eran niños y adultos que venían a sacar lo que encontraran del avión. No les importaba si había partes de cuerpos humanos”, comenta.

El campesino lamenta la insensibilidad. Aclara que no todos hicieron lo mismo. El respeto por el dolor ajeno era generalizado en la zona.

“Me tropecé con uno de los que había visto sacar objetos y le pregunté si iba a volver a buscar. Me dijo que no. Que había encontrado algo que lo aterró. Que nunca más volvería porque eso lo ‘traumó’”, añade.

La cuestionable actitud de llevarse elementos del avión ya quedó en el pasado y no son ellos quienes las van a juzgar. Es un tema, que para Julián y Juan Carlos, tendrá que resolver cada quien con Dios.

“La invitación es a que quiénes tengan objetos o sepan quién los tienen, los devuelvan, se los hagan saber. Los familiares de las víctimas están entusiasmados con esta labor”, anota Julián.

Y vuelve a sonreír: “hemos recuperado cosas que tienen mucho valor sentimental. Nos han devuelto elementos del equipo, personas que de corazón, se han conmovido”, dice.

Juan Carlos también se emociona. Aunque la mitad de su tiempo está en Medellín, donde trabaja, no se desliga de la campaña de recuperación de elementos.

“Encontré una maleta. La lavé y vi una prenda femenina. Ahí deduje que era de una de las dos azafatas. La maleta está avaluada en 2.000 euros y la quiero entregar a los familiares de su dueña para que conserve un recuerdo de ella”, apunta.

Cada día se suman más personas a la campaña. El párroco de La Unión, Sergio Botero, está impresionado con la labor de los chicos de su pueblo, con el sentimiento de solidaridad que han demostrado. También hay políticos promoviendo el mensaje de devolver los objetos.

Viajarán a Brasil

Si bien no se oculta la vergüenza internacional que da la mala práctica de quienes saquearon, el gesto de tantos al devolver elementos, ilusiona.

“Mucha gente de la misma vereda empezó a devolvernos cosas. Cada día la campaña ha ido cogiendo más fuerza. Nosotros no pudimos entrar desde un comienzo al Cerro. Lo hicimos un mes después. Ya cuando estaba muy saqueado todo”, asegura Julián.

Entre los objetos que les han devuelto, la mayoría anónimamente, dejados en la iglesia o entregados a los integrantes de la Corporación, están un equipo de recuperación física y fisioterapia, camisetas, buzos, medias, guantes de arquero y guayos.

“Tenemos una maleta del equipo, la red de los balones, que tiene mucho valor afectivo. Un compresor que encontramos entre la maleza y camisetas”, añade Julián.

Los elementos recuperados están en tres casas de los chicos de la Corporación. También hay un teléfono celular gris, un transmisor para radio, que se cree pertenecía a uno de los periodistas muertos en el accidente, y micrófonos con los emblemas de la cadena internacional Fox Sports.

Al tiempo que continúan instando a que la gente entregue los objetos, el próximo paso que quieren dar los integrantes de la corporación es entregar lo recuperado a familiares de las víctimas y al equipo Chapecoense.

En su teléfono celular, Julián muestra algo de las conversaciones que ha tenido con esposas de futbolistas fallecidos en el accidente. Algunas ya saben que en La Unión les guardan prendas de sus maridos y ultiman detalles para que les sean entregadas.

Ya tienen una autorización previa para que en el partido entre Nacional y Chapecoense por la recopa suramericana en Medellín, para el cual aún no hay fecha definida, se haga una primera entrega de los elementos, especialmente los que pertenecen al equipo brasileño.

Al tiempo, Juan Carlos y otros de los integrantes de la Corporación gestionan la posibilidad de, con recursos propios, viajar a la municipalidad de Chapecó, para entregar en el partido de vuelta contra el equipo antioqueño los elementos a los familiares.

Julián sueña con abrazar a Jakson Ragnar Follman (portero), uno de los sobrevivientes del accidente y de quien cree son los guantes que conserva.

“Él perdió una de sus piernas en el accidente, pero es un luchador de la vida. Yo también estoy discapacitado, pero no me detengo ante la adversidad”, concluye Julián.

Fuente: ElColombiano

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